Brasil dio un paso importante para el desarrollo de su futbol femenil.
El país aprobó la Ley 15.522, que establece diferentes puntos para impulsarlo y convertir su crecimiento en una prioridad deportiva.
La legislación contempla medidas relacionadas con la formación de jugadoras, profesionalización, igualdad de oportunidades, participación de mujeres en diferentes áreas del futbol y combate a la discriminación y violencia.
Más allá de lo que representa en el papel, el verdadero impacto estará en cómo estas medidas pueden transformar las condiciones en las que niñas y mujeres practican y desarrollan su carrera dentro del futbol.
Más recursos destinados al futbol femenil
Uno de los principales retos del futbol femenil ha sido contar con proyectos que permitan su crecimiento de manera constante. La ley establece la cooperación entre organismos públicos y privados y contempla acciones para impulsar la formación y el desarrollo de equipos femeninos.
Esto puede traducirse en mejores instalaciones, cuerpos técnicos, programas de formación y mayores oportunidades para las jugadoras.
Una mayor inversión permitiría fortalecer los proyectos existentes y en un futuro podría generar una mejor estructura para descubrir y formar talento desde edades tempranas.
Los clubes también tendrán que apostar por ellas
La nueva legislación modifica las reglas relacionadas con las estructuras de formación. Las organizaciones formadoras de futbol femenil tendrán los mismos derechos y beneficios que las dedicadas al futbol masculino.
Además, los clubes deberán mantener equipos femeninos dentro de sus estructuras de formación, la legislación también permite que una Sociedad Anónima del Deportiva pueda enfocarse exclusivamente en la formación de futbolistas femeninas.
Esto puede ser fundamental.
Si más clubes tienen la obligación y las herramientas para desarrollar categorías femeninas, aumentará el número de mujeres que podrán dedicarse al futbol profesionalmente.
No se trata únicamente de tener un primer equipo.
Se trata de construir una cadena de formación completa, desde las categorías infantiles hasta el profesionalismo.
Mismas condiciones para formar talento
Otro de los puntos que puede tener mayor impacto está relacionado con los centros de formación.
La ley establece que las atletas deben poder desarrollarse en igualdad de condiciones con los hombres, incluyendo el acceso a espacios, equipamiento y equipos de profesionales de apoyo, o equivalentes.
Esto puede significar mejores condiciones de entrenamiento para las futbolistas, además de aumentar la calidad de las generaciones que lleguen al futbol profesional.
Una jugadora que desde niña recibe mejores instalaciones, preparación física, atención médica y acompañamiento profesional tendrá más herramientas para desarrollar su potencial.
La seguridad también forma parte del crecimiento
El crecimiento del futbol femenil no solamente depende de dinero o infraestructura.
La ley también contempla la creación de protocolos para combatir la discriminación, la intolerancia y la violencia contra las mujeres dentro del futbol. Estas medidas abarcan a jugadoras, árbitras, entrenadoras, aficionadas, directivas y cualquier mujer que esté vinculada al futbol.
Esto puede ayudar a construir espacios más seguros y profesionales.
Porque para que una niña pueda imaginarse como futbolista profesional, primero debe tener la certeza de que puede desarrollarse en un entorno donde su integridad sea protegida.
Una iniciativa que otros países deberían observar
Brasil está poniendo sobre la mesa una idea que otros países también podrían considerar: el futbol femenil necesita políticas de largo plazo y no solamente esfuerzos aislados.
No basta con organizar una liga, crear un equipo femenino o aumentar la cobertura de algunos partidos.
El crecimiento necesita formación, inversión, infraestructura, seguridad, profesionalización y oportunidades para que las jugadoras puedan desarrollar una carrera.
El objetivo sería crear condiciones para que el futbol femenil tenga una estructura sólida desde la base.
A corto plazo, esto puede significar más equipos, más jugadoras y mejores competencias.
A largo plazo, puede significar algo todavía más importante: convertir el futbol femenil en una industria deportiva estable, visible y capaz de generar nuevas generaciones de talento.
