El ardor y las ganas del equipo de Unai Emery no son capaces de tumbar el pragmatismo del conjunto parisino, con un Luis Enrique que continúa su hegemonía en el fútbol europeo con su segunda Supercopa consecutiva.
Ya lo avisó el técnico asturiano en la rueda de prensa previa del partido. Luis Enrique sabía que este enfrentamiento iba a ser un dolor constante por el bajo ritmo de sus jugadores (muchos de ellos con menos de una semana de rodaje) y por tener delante a un equipo de Unai Emery, sólido y con ganas de presentar batalla en un encuentro de alternativas. Pero claro, por ello el PSG es bicampeón consecutivo de la Champions League.
El encuentro comenzó siendo un partido agosto, lento y muy parsimonioso. El Paris-Saint Germain controlaba el tempo, bajando las pulsaciones, practicando el tikinaccio que tanto le ha valido a la Selección Española en este pasado Mundial. Todo era balón, madurar la jugada e intentar subir el balón sin prisa, de un lado a otro. Hasta que llegó Kvaratskhelia.
¿Y si Kvaratskhelia hubiera jugado el Mundial?
Es el único lunar que se le puede poner a Kvaradona esta temporada, que no le hayamos podido ver por tierras americanas haciendo de las suyas. A la que pudo, sacó su fusil y la puso en la escuadra ante un Bizot que poco pudo hacer. Era el minuto 20 y el PSG se veía cómodo ante un Aston Villa bien posicionado en bloque medio pero que, sin presiones, era incapaz de hacerle cosquillas al equipo francés.
Los genios tienen esto, que en un partido muy pastoso puede sacar el genio y cambiar a un nuevo paradigma. Además, su ritmo, velocidad y regate son incuestionables. Un verdadero fuera de serie. Lástima que por esa ausencia no pueda optar al Balón de Oro (¿o sí?).

Emery ha podido encontrar un tesoro con Madjo
El gol obligaba a los del guipuzcoano a subir una marcha al juego para evitar que el PSG consiguiera el segundo y finiquitara el choque y el equipo villano se puso a remar para igualar la contienda. Los franceses dominaban, pero los de Birmingham salían con más peligro. Y todo ello se personificó en la figura de su delantero centro, un chaval de 17 años que puede ser una de las revelaciones de la temporada: Brian Madjo.
Con hechuras de Romelu Lukaku, hizo que la defensa gala sufriera en algunas ocasiones durante el tercio final de la primera parte hasta que en el minuto 45, McGinn sacó la zurda a pesar y puso un centro con música desde la banda derecha que el delantero luxemburgués remató con el pie, haciendo valer su envergadura, ante William Pacho. Empate a uno y partido nuevo.

Emery no decepciona…pero el PSG es el rey
Tras el descanso, la inercia llevaba en volandas al Aston Villa, que mejoró durante todo el segundo tiempo, ante un equipo francés que tenía que buscar soluciones para controlar y no encajar. Pero un solo fogonazo del Paris-Saint Germain es a veces demasiado.
Tras quince minutos de mejor juego de los ingleses, un Ousmane Dembelé, que había salido al descanso por el debutante Akliouche, metió un balón al espacio desde su campo a Desire Doue ante una defensa rival muy pasiva por el convencimiento colectivo de que estaba claramente en fuera de juego. Pero el francés cumplió su cometido y anotó con una gran definición con pierna izquierda, con rosca, al segundo palo. El VAR revisó, comprobó que Matty Cash estaba enganchado y el somalí Artan dio validez al segundo del PSG. Otra vez por delante, tocaba ser pragmático.

El Aston Villa comenzó a cargar la portería de Safonov, pero se encontró con un muro. La falta de puntería de los ingleses, sumada a las buenas y certeras intervenciones del ruso, hicieron que fueran totalmente impotentes y no pudieran perforar la portería del equipo parisino.
Los ingleses se calentaron y empezaron a su sumar tarjetas, fruto de la frustación y de la falta de piernas. Pasaron los minutos y la operancia se instalaba en ellos. El PSG, más maduro y consciente de que tenía que bajar el ritmo, hizo el partido suyo hasta el final. 2-1 y otro título europeo para el equipo de Luis Enrique. Salzburgo fue testigo de un equipo que ya es dinastía, pero parece no tiene techo.
