Fútbol

El abandono del fútbol femenino preocupa al 49% de las jugadoras

Por Rubens Rocha octubre 14, 2026

Un informe de FIFPRO alerta sobre la precariedad laboral, los problemas de salud mental y la desigualdad salarial en el fútbol femenino.

El fútbol femenino continúa creciendo, conquista nuevas audiencias y genera mayores oportunidades comerciales. Sin embargo, estos avances no se traducen en mejores condiciones para todas las futbolistas. La precariedad económica, los problemas de salud mental y la falta de garantías laborales siguen poniendo en riesgo numerosas carreras profesionales. Así lo advierte el Informe Global sobre el Empleo de FIFPRO 2026: condiciones laborales en el fútbol femenino, que alerta sobre el abandono prematuro de la actividad en un deporte cuya profesionalización avanza a ritmos muy diferentes.

El estudio, basado en una encuesta y entrevistas a cerca de 800 jugadoras de distintos países, revela un dato preocupante: el 49% de las futbolistas encuestadas se plantea abandonar el fútbol antes de lo previsto. Entre quienes contemplan esta posibilidad, el 59% identifica los motivos económicos como una de las principales razones, mientras que el 46% señala el estrés psicológico como un factor determinante.

El informe ofrece uno de los análisis más amplios sobre salarios y condiciones laborales en el fútbol femenino desde 2017. Sus conclusiones reflejan una realidad marcada por los contrastes: mientras algunas competiciones registran un aumento significativo de los ingresos y las remuneraciones, muchas jugadoras todavía carecen de la estabilidad necesaria para desarrollar una carrera profesional a largo plazo.

Por tanto, el crecimiento del fútbol femenino debe ir acompañado de medidas que garanticen mejores condiciones para sus protagonistas. Contar con contratos dignos, atención adecuada a la salud mental y mayor protección laboral resulta fundamental para que las futbolistas puedan desarrollar su carrera sin que la incertidumbre económica comprometa su futuro.

Los salarios crecen, pero la desigualdad persiste

La evolución de los salarios refleja tanto los avances del fútbol femenino como los límites de su actual modelo de desarrollo. El salario mensual medio que pagan los clubes, ajustado a la inflación, se ha triplicado hasta alcanzar los 2.601 dólares, impulsado por el aumento de los ingresos en competiciones como la National Women’s Soccer League (NWSL) de Estados Unidos.

Sin embargo, la media no ofrece una imagen completa de la situación. El salario mensual mediano se sitúa en 1.669 dólares, una cifra sensiblemente inferior que evidencia la distancia entre las jugadoras con mayores ingresos y aquellas que perciben remuneraciones más modestas.

FIFPRO considera que el crecimiento es “desigual y fragmentado” y advierte de que muchas futbolistas han quedado al margen de los beneficios generados por la expansión comercial de la disciplina. Incluso en regiones como Europa occidental y Asia-Oceanía, donde se encuentran algunos de los mercados más importantes, las remuneraciones medias no superan de manera significativa los niveles del salario mínimo nacional.

Las diferencias son especialmente preocupantes en determinadas zonas de Europa oriental. El informe identifica diez países en los que el salario medio de las futbolistas permanece por debajo del salario mínimo nacional, una situación que cuestiona la capacidad del fútbol profesional para garantizar unas condiciones de vida dignas a las mujeres que se dedican a esta actividad.

En el extremo contrario, ligas como las de Estados Unidos y México han registrado incrementos salariales considerables durante la última década. Esta evolución confirma que la expansión del fútbol femenino puede traducirse en mejoras económicas, pero también que sus efectos dependen en buena medida del mercado, de la competición y de los recursos disponibles en cada club.

La salud mental, una preocupación creciente

La dimensión económica no es la única que amenaza la continuidad de las carreras deportivas. El informe revela que el 57% de las jugadoras encuestadas ha experimentado problemas de salud mental y que la mitad de las que atravesaron esas dificultades no recibió apoyo de sus clubes.

Los datos ponen el foco en la necesidad de incorporar la atención psicológica como parte esencial de las estructuras profesionales. La presión competitiva, la incertidumbre económica y la falta de recursos pueden agravar una situación en la que muchas futbolistas carecen de herramientas suficientes para afrontar las exigencias del deporte de élite.

FIFPRO reclama, entre otras medidas, que los clubes garanticen apoyo psicológico obligatorio. El sindicato cita como referencia la NWSL estadounidense, donde profesionales de la salud mental trabajan en coordinación con los equipos de cada entidad y las jugadoras disponen del derecho a seis meses de baja por motivos de salud mental.

La organización considera que este tipo de garantías debe extenderse al conjunto del fútbol femenino, evitando que la atención psicológica dependa exclusivamente de los recursos económicos de cada club o de su voluntad de ofrecer este servicio.

La falta de protección también afecta a la estructura cotidiana de los equipos. El 47% de las jugadoras afirma que su club no dispone de personal suficiente. En las entrevistas realizadas para el estudio aparecen referencias a profesionales de apoyo sin experiencia o sin la cualificación necesaria, algunos de los cuales perciben salarios mínimos.

Esta carencia de recursos humanos compromete no solo el rendimiento deportivo, sino también la calidad de la atención médica, física y psicológica que reciben las futbolistas a lo largo de la temporada.

FIFPRO reclama garantías laborales comunes

La directora de fútbol femenino de FIFPRO, Alex Culvin, considera que la profesionalización se está acelerando en algunas partes del mundo, pero subraya que los ingresos y los beneficios no se distribuyen de manera equitativa entre las jugadoras.

“Fuera de los clubes con mayores recursos, se observa una situación recurrente de precariedad y condiciones frágiles”, advirtió Culvin, que reclama una respuesta coordinada de todos los agentes implicados en el desarrollo de la disciplina.

La responsable sindical defiende que los organizadores de las competiciones deben colaborar con los sindicatos de jugadores para establecer normas capaces de proteger a un número mayor de futbolistas y garantizar la sostenibilidad de sus carreras.

Entre las propuestas figura la incorporación de estándares mínimos vinculantes en los contratos laborales nacionales. Esas garantías deberían abarcar cuestiones fundamentales como la remuneración, las instalaciones deportivas, la dotación de personal y la salud de las jugadoras.

El estudio muestra la distancia que aún existe entre esa aspiración y la realidad. De las 30 ligas nacionales de fútbol femenino analizadas, solo ocho disponen de un convenio colectivo negociado con las jugadoras a través de sus sindicatos para regular las condiciones laborales.

La falta de acuerdos colectivos deja a una parte importante de las futbolistas en una posición de mayor vulnerabilidad a la hora de reclamar mejoras salariales, protección sanitaria o garantías para compatibilizar la carrera deportiva con la vida personal.

Contratos cortos y protección social insuficiente

La precariedad también se manifiesta en la naturaleza de las relaciones laborales. Según FIFPRO, solo el 56% de las futbolistas dispone de un contrato de trabajo, una proporción que evidencia que la condición de jugadora profesional no siempre va acompañada de las garantías habituales en otros sectores laborales.

La duración media de los contratos a nivel mundial se sitúa en 19 meses, frente a los 12 meses registrados hace una década. La evolución apunta a una mayor estabilidad contractual, pero los periodos de vinculación continúan siendo relativamente cortos para quien necesita planificar su carrera, sus ingresos y su futuro una vez terminada la etapa deportiva.

También ha aumentado la presencia de representantes. En la actualidad, el 41% de las jugadoras cuenta con un agente, frente al 14% de 2017. Esta evolución puede facilitar el asesoramiento y la negociación contractual, aunque no resuelve por sí misma la falta de garantías laborales.

La protección social sigue siendo otro de los puntos débiles. Solo el 13% de las futbolistas recibe una pensión de sus clubes, un dato que expone las dificultades para asegurar una transición económica estable tras la retirada.

El informe resume esta desigualdad con una conclusión especialmente significativa: el acceso a un contrato por escrito, una pensión, cobertura sanitaria o permiso parental depende con frecuencia menos de la capacidad deportiva de la jugadora que del país en el que reside y del club en el que compite.

La maternidad, un ejemplo de que la regulación puede funcionar

Entre los ámbitos en los que se han registrado avances destaca la protección de la maternidad. Las normas que garantizan derechos durante el embarazo y los permisos parentales, redactadas y negociadas por FIFPRO e introducidas por la FIFA en 2021, muestran que la intervención reguladora puede producir cambios concretos en las condiciones de las futbolistas.

Desde 2017, el porcentaje de jugadoras que se plantea abandonar el fútbol para formar una familia ha descendido del 47% al 19%. La evolución coincide con la incorporación de mayores garantías en este ámbito y refuerza la importancia de establecer derechos que permitan a las deportistas compatibilizar su profesión con la maternidad.

El dato contrasta con las dificultades que persisten en otras áreas, especialmente en la salud mental, los salarios y la protección social. Para FIFPRO, la experiencia de la maternidad demuestra que la creación de normas comunes puede contribuir a reducir la inseguridad y ampliar las posibilidades de mantener una carrera deportiva.

La organización defiende que esa misma voluntad debe trasladarse al conjunto de las condiciones laborales, de manera que ninguna jugadora quede desprotegida por competir en una liga con menos recursos o en un país con menores garantías.

Un crecimiento que necesita llegar a todas

El informe de 2026 sitúa al fútbol femenino ante un desafío que va más allá del aumento de los ingresos o de la expansión de las competiciones. El crecimiento económico solo podrá consolidarse si se traduce en empleos más estables, salarios suficientes, servicios médicos y psicológicos adecuados y mecanismos de protección social.

La realidad que describen las alrededor de 800 jugadoras consultadas por FIFPRO evidencia que la profesionalización aún está lejos de ser una experiencia común. Para muchas, el fútbol sigue sin ofrecer las condiciones necesarias para construir una carrera duradera, incluso cuando el interés por el deporte y los recursos de algunas competiciones continúan aumentando.

Que casi la mitad de las participantes se plantee abandonar prematuramente la actividad, que más de la mitad declare problemas de salud mental y que solo una minoría reciba una pensión de sus clubes son indicadores de una cuestión estructural que el sector no puede ignorar.

La advertencia de FIFPRO apunta, en definitiva, a la necesidad de que el desarrollo del fútbol femenino no se mida únicamente por los contratos millonarios, los ingresos televisivos o la atención mediática. También debe evaluarse por las condiciones en las que viven y trabajan las jugadoras que sostienen el espectáculo.

Porque el futuro de este deporte no depende solo de que cada vez más personas lo vean, sino también de que las mujeres que lo practican puedan vivir de él, cuidar su salud y prolongar sus carreras sin que la precariedad se convierta en una razón para abandonar antes de tiempo.

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